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Crítica cultural sobre infecciones por literatura, cine, filosofía, ensayo, …

Categoría: Crítica Cultural

La ciencia se pronuncia contra mi libro Negro

Más razón que un santo

Foucault forever

Creo que el pensador Michel Foucault permite entender una cierta reacción que he observado en algunos de los amigos de Félix Romeo a los que entrevisté para elaborar Negro, un libro en que Félix (o mi imagen de él, perdón) es el protagonista junto a un servidor. Foucault define los saberes-poderes como discursos privilegiados que el poder potencia, alienta, reconoce y homologa en todas las sociedades, y que invisten de verdad a sus expertos, divulgadores o aprendices. Uno de esos saberes-poderes en nuestra modernidad es el discurso científico o, mejor, cientificista. Dice: La ciencia es la avanzadilla de nuestra humanidad, la bendita probeta en la que se enroscan las verdades ocultas de la materia, la mismísima guerra al misterio, a lo oscuro y a lo negro. El científico deviene así el santo sacerdote de esos oficios prometeicos y lumínicos, la encarnación misma del sacrosanto progreso. Pero la ciencia no se queda en los laboratorios, se extiende como la agencia de calidad de nuestro conocimiento y se torna humana, social, económica, periodística, lo que se quiera. Y al final es la ciencia la que decide si puedes dar clases, si tienes que ingresar en un sanatorio mental, si tus hábitos son adecuados o tus escritos aceptables.
Daniel Gascón es uno de esos amigos de Félix Romeo damnificados por Negro y ha escrito un artículo científico, prolijo y maratoniano sobre mi libro

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“Me identifico con Félix Romeo por su amor a los imposibles y la libertad”

El cuadro de la portada: un Pepe Cerdá

El cuadro de la portada: un Pepe Cerdá

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Historia de una amistad

Dos nacimientos de Venus

Dos nacimientos de Venus

Gracias a D. José Luis Melero y a su arrojadizo artículo de ayer en Heraldo de Aragón reemprendo la andadura de este blog. Ya le he contestado en mensaje privado, pero creo que también conviene hacer aquí un par de puntualizaciones con respecto a sus críticas a mi último libro: Negro. No porque quiera hacer una defensa de mi hidalguía o pureza moral. Sólo quiero señalar que no comparto ninguna de las observaciones (muy respetables) más o menos ponderadas que hace D. José Luis Melero y creo entender el porqué de nuestra diferencia de pareceres.

El corazón de su crítica gravita sobre un supuesto desconcierto que le ha causado la lectura de mi libro. Me da la sensación de que uno queda desconcertado cuando sucede algo imprevisto, cuando lo que se le pone delante no es lo que preveía o esperaba o proyectaba o, simplemente, había planeado. Creo que D. José Luis Melero juzga Negro desde unas categorías clásicas o de la “alta cultura”. Espera encontrarse con un género que en absoluto es el frecuentado por el que suscribe. Lo digo en el anexo del libro: no soy el biógrafo de Félix Romeo. No quiero fotografiar el alma de Félix. Entre otras cosas porque creo que su humanidad es incalculable y rebasa los límites de toda narración. Félix es demasiado grande para las palabras que yo pueda decir sobre él. Como también excede las que pueda pronunciar D. José Luis Melero. Aunque, por supuesto, una biografía canónica de D. José Luis Melero sobre Félix sería mucho más biográfica y clásica y aparente y completa. No lo dudo. Y, de hecho, le invito a que la escriba. Seré su primer lector y estoy seguro de que aprenderé mucho sobre Félix, sobre sus amistades, sobre sus herencias y sobre Aragón en general.

Es la posmodernidad, esa “mancha de aceite” de la cultura pop(ular) que se derrama sin tasa, la responsable de esa autoconciencia que sus hijos tenemos con respecto a la imperfección de los géneros y de lo humano en general. Sabemos que el yo no puede contarse a sí mismo en una narración. Sería como si un conejo se sacase a sí mismo de la chistera tirándose de las orejas. Y si uno no puede contarse exhaustivamente imaginemos lo que sucede cuando intenta contar a otro. Sabemos que a lo máximo que llegamos es a tramar mitos desde cierta perspectiva o perspectivas. Por eso yo no podría o sabría escribir una biografía con la pretensión propia del planteamiento clásico. Me sentiría un impostor, por mucho que en los datos aportados no faltase a la verdad histórica. Es por este motivo que en Negro he querido hacer otra cosa.

Dicho esto:

1.Como no quería escribir una biografía al viejo estilo sobre Félix Romeo sino libérrima, me he tomado la licencia de no entrevistar a nadie que estuviese muerto, de sólo hablar un par de veces de Labordeta, de no hacer ningún máster en cultura aragonesa, de darle más voz a quien a mí me hacía vibrar más con sus palabras sobre Félix, de hacer aparecer pasajes de la vida de Félix que a mí me parecían significativos, de incluir en la lista a amigos del alma y a amigos de fiesta, así como de limitar en el espacio y en el tiempo el trabajo de entrevistar a amigos de Félix de acuerdo con los imperativos de mi vida personal y profesional (entrevisté a bastantes, aunque con otros no pude quedar o simplemente ni lo intenté, o porque no supe de ellos o porque no daba para más). Félix creía que cada uno tiene que escribir su libro, porque la perspectiva de cada uno es única e irrepetible. Ésa es una de las muchas cosas en las que coincidimos. Si el libro funciona o no depende de si resuena o no en la experiencia de otros, no necesariamente de todos.

2. Mi admiración y preferencia por Félix está fuera de toda duda. Pese a que no le conocí, creo que fue un gran tipo. Y creo que un lector que no le conozca, después de leer el libro se querrá ir a tomar unas copas con él. De hecho, algunos de los que me han hecho de lectores del borrador de Negro no pudieron dejar de ir a comprar sus obras tan pronto como acabaron de leerlo. Y no les defraudó. Creo que en Negro es fácil darse cuenta de la humanidad prodigiosa de Félix. Y sí, también aparecen momentos desagradables. Chiquilladas. De mí se podrían decir cosas peores, sin duda. Pero lo cuento. Y lo cuento a sabiendas de que quizás a alguien le puede impactar. Y lo hago porque me parece necesario, porque para amar a alguien hay que hacerlo tal cual es, con todas sus aristas, y con Negro quiero evidenciar que Félix era AMABLE tal cual era, sin maquillaje. No creo que haga falta esconder porquería alguna debajo de la alfombra y mostrar sólo su beatífica sonrisa.

3. Pese a todo, como le he dicho a D. José Luis Melero en mensaje personal (y como anticipo en el mencionado Anexo incluido al final de Negro) si mi Félix molesta a alguien, me disculpo por ello.

El otro es siempre un vikingo

Cómo cambian los vikingos

Cómo cambian los vikingos

Europa parece que se disuelve como una aspirina efervescente. Quizás es por eso que los imaginarios se confabulan para contarnos la continua amenaza a la que Occidente se ha visto expuesta desde antiguo. Siempre ha habido un otro primitivo, bárbaro, forastero, que acechaba en el borde del mundo, y que finalmente se convertía en un dinamizador de nuestra cultura. Los vikingos fueron uno de esos pueblos foráneos cuyos herederos no sólo forman ya parte de Europa, sino que en cierto modo constituyen su avanzadilla en diferentes ámbitos. Leer el resto de esta entrada »

Infectado por las teleseries

utopia-blogs

Tras unas semanas de ausencia de este foro vuelvo a la carga con una entrada sencilla. Leer el resto de esta entrada »

La escritura ante la muerte del hijo

Recién salido del horno

Recién salido del horno

Si tiene razón Lipovetsky y vivimos en una sociedad hedonista, La hora violeta, de Sergio del Molino, no va a ser un bestseller. Aunque espero equivocarme, la leucemia y muerte de su hijo Pablo, un niño que no llegó a cumplir los dos años de vida, no son temas que hagan salivar a las masas lectoras. Aunque elegías las haya habido siempre. Leer el resto de esta entrada »

Una novela rusa o Carrère sale del armario

Otro cuadro de Dorian Gray

Otro cuadro de Dorian Gray

Nos buscamos. Nos narramos, y la narración del yo se aquilata con la autenticidad, el ideal moral de la modernidad, consistente en ser fiel a uno mismo. Por eso lo primero que hay que hacer para ser auténtico es sumirse en esa búsqueda que es todo relato, que tantas veces toma el tortuoso camino de la sinceridad, esa voluntad de decir la verdad sobre uno mismo que supuestamente nos encamina hacia la unión entre lo que decimos de nosotros mismos y lo que somos. Así, ser auténtico sería algo así como el resultado de una comunión entre la comunicación y el ser de la propia persona. Suena bien. Leer el resto de esta entrada »

True Blood: Dionisos o el dios que viene

Nuevas mitologías

Nuevas mitologías

Tras la lectura de Limónov la semana pasada, y sumido en una obsesión con Emmanuel Carrère que me ha llevado a comprar Un novela rusa y estar ya leyéndola, y a empezar a ver una teleserie cuyo guión ha escrito él, recomendada en facebook por Jorge Carrión (ya vemos Jorge, porque la empecé a ver ayer y me quedé dormido: puede que fuese el cansancio…), prosigo con mi labor de análisis sistemático de uno de nuestros particulares panteones posmodernos: el de las teleseries. Leer el resto de esta entrada »

Limónov: una vida sin elipsis

La aparición: Alexander Solzhenitsyn

La aparición: Alexander Solzhenitsyn

Limónov es un escritor de verdad, aunque no hayas leído nada de él ni sobre él. Es el último alter-ego de Emmanuel Carrère, que, como es sabido, escribe pseudobiografías de personajes más o menos conocidos, más o menos familiares, buscándose a sí mismo. Lo hizo de un modo quizás insuperable en El adversario, con el psicópata Jean-Claude Romand. Leer el resto de esta entrada »

A los que vituperan Black Mirror 2.2

Éste es Charlie Brooker

Éste es Charlie Brooker

Estoy leyendo a muchos fans de Black Mirror (2011-) defraudados por el segundo capítulo de la segunda temporada: “White Bear”. No es para tanto. Leer el resto de esta entrada »