La ciencia se pronuncia contra mi libro Negro

Más razón que un santo

Foucault forever

Creo que el pensador Michel Foucault permite entender una cierta reacción que he observado en algunos de los amigos de Félix Romeo a los que entrevisté para elaborar Negro, un libro en que Félix (o mi imagen de él, perdón) es el protagonista junto a un servidor. Foucault define los saberes-poderes como discursos privilegiados que el poder potencia, alienta, reconoce y homologa en todas las sociedades, y que invisten de verdad a sus expertos, divulgadores o aprendices. Uno de esos saberes-poderes en nuestra modernidad es el discurso científico o, mejor, cientificista. Dice: La ciencia es la avanzadilla de nuestra humanidad, la bendita probeta en la que se enroscan las verdades ocultas de la materia, la mismísima guerra al misterio, a lo oscuro y a lo negro. El científico deviene así el santo sacerdote de esos oficios prometeicos y lumínicos, la encarnación misma del sacrosanto progreso. Pero la ciencia no se queda en los laboratorios, se extiende como la agencia de calidad de nuestro conocimiento y se torna humana, social, económica, periodística, lo que se quiera. Y al final es la ciencia la que decide si puedes dar clases, si tienes que ingresar en un sanatorio mental, si tus hábitos son adecuados o tus escritos aceptables.
Daniel Gascón es uno de esos amigos de Félix Romeo damnificados por Negro y ha escrito un artículo científico, prolijo y maratoniano sobre mi libro

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