Historia de una amistad

por In/ficción

Dos nacimientos de Venus

Dos nacimientos de Venus

Gracias a D. José Luis Melero y a su arrojadizo artículo de ayer en Heraldo de Aragón reemprendo la andadura de este blog. Ya le he contestado en mensaje privado, pero creo que también conviene hacer aquí un par de puntualizaciones con respecto a sus críticas a mi último libro: Negro. No porque quiera hacer una defensa de mi hidalguía o pureza moral. Sólo quiero señalar que no comparto ninguna de las observaciones (muy respetables) más o menos ponderadas que hace D. José Luis Melero y creo entender el porqué de nuestra diferencia de pareceres.

El corazón de su crítica gravita sobre un supuesto desconcierto que le ha causado la lectura de mi libro. Me da la sensación de que uno queda desconcertado cuando sucede algo imprevisto, cuando lo que se le pone delante no es lo que preveía o esperaba o proyectaba o, simplemente, había planeado. Creo que D. José Luis Melero juzga Negro desde unas categorías clásicas o de la “alta cultura”. Espera encontrarse con un género que en absoluto es el frecuentado por el que suscribe. Lo digo en el anexo del libro: no soy el biógrafo de Félix Romeo. No quiero fotografiar el alma de Félix. Entre otras cosas porque creo que su humanidad es incalculable y rebasa los límites de toda narración. Félix es demasiado grande para las palabras que yo pueda decir sobre él. Como también excede las que pueda pronunciar D. José Luis Melero. Aunque, por supuesto, una biografía canónica de D. José Luis Melero sobre Félix sería mucho más biográfica y clásica y aparente y completa. No lo dudo. Y, de hecho, le invito a que la escriba. Seré su primer lector y estoy seguro de que aprenderé mucho sobre Félix, sobre sus amistades, sobre sus herencias y sobre Aragón en general.

Es la posmodernidad, esa “mancha de aceite” de la cultura pop(ular) que se derrama sin tasa, la responsable de esa autoconciencia que sus hijos tenemos con respecto a la imperfección de los géneros y de lo humano en general. Sabemos que el yo no puede contarse a sí mismo en una narración. Sería como si un conejo se sacase a sí mismo de la chistera tirándose de las orejas. Y si uno no puede contarse exhaustivamente imaginemos lo que sucede cuando intenta contar a otro. Sabemos que a lo máximo que llegamos es a tramar mitos desde cierta perspectiva o perspectivas. Por eso yo no podría o sabría escribir una biografía con la pretensión propia del planteamiento clásico. Me sentiría un impostor, por mucho que en los datos aportados no faltase a la verdad histórica. Es por este motivo que en Negro he querido hacer otra cosa.

Dicho esto:

1.Como no quería escribir una biografía al viejo estilo sobre Félix Romeo sino libérrima, me he tomado la licencia de no entrevistar a nadie que estuviese muerto, de sólo hablar un par de veces de Labordeta, de no hacer ningún máster en cultura aragonesa, de darle más voz a quien a mí me hacía vibrar más con sus palabras sobre Félix, de hacer aparecer pasajes de la vida de Félix que a mí me parecían significativos, de incluir en la lista a amigos del alma y a amigos de fiesta, así como de limitar en el espacio y en el tiempo el trabajo de entrevistar a amigos de Félix de acuerdo con los imperativos de mi vida personal y profesional (entrevisté a bastantes, aunque con otros no pude quedar o simplemente ni lo intenté, o porque no supe de ellos o porque no daba para más). Félix creía que cada uno tiene que escribir su libro, porque la perspectiva de cada uno es única e irrepetible. Ésa es una de las muchas cosas en las que coincidimos. Si el libro funciona o no depende de si resuena o no en la experiencia de otros, no necesariamente de todos.

2. Mi admiración y preferencia por Félix está fuera de toda duda. Pese a que no le conocí, creo que fue un gran tipo. Y creo que un lector que no le conozca, después de leer el libro se querrá ir a tomar unas copas con él. De hecho, algunos de los que me han hecho de lectores del borrador de Negro no pudieron dejar de ir a comprar sus obras tan pronto como acabaron de leerlo. Y no les defraudó. Creo que en Negro es fácil darse cuenta de la humanidad prodigiosa de Félix. Y sí, también aparecen momentos desagradables. Chiquilladas. De mí se podrían decir cosas peores, sin duda. Pero lo cuento. Y lo cuento a sabiendas de que quizás a alguien le puede impactar. Y lo hago porque me parece necesario, porque para amar a alguien hay que hacerlo tal cual es, con todas sus aristas, y con Negro quiero evidenciar que Félix era AMABLE tal cual era, sin maquillaje. No creo que haga falta esconder porquería alguna debajo de la alfombra y mostrar sólo su beatífica sonrisa.

3. Pese a todo, como le he dicho a D. José Luis Melero en mensaje personal (y como anticipo en el mencionado Anexo incluido al final de Negro) si mi Félix molesta a alguien, me disculpo por ello.

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