Juego de tronos, un sombrío mito fundacional

por In/ficción

Cuando era un freaky e investigaba a Tolkien aprendí que éste había decidido escribir su obra magna, El Señor de los anillos, porque había estado leyendo las sagas islandesas y quería proveer a los ingleses de un remoto pasado épico-literario del que carecían, aunque fuese a costa de que el relato fuese apócrifo, no en el sentido de ficticio sino en el de haber sido escrito en el siglo XX y no en la más ignota antigüedad. Su intención, además, era la de escribir no sólo un mito fundacional, sino uno que le fuese como un guante al que él consideraba a un mito posterior, el más importante para él, el del cristianismo, el único mito que, como le dijo en su ocasión a C.S. Lewis, se había hecho realidad.

Por todo esto me sorprendí cuando empecé a ver la teleserie Juego de Tronos. El primer capítulo me dejó roto, con un final que no voy a convertir en spoiler pero que merece avertencia y mención. Eso hizo que dejase la serie un mes en la nevera y después me entregué a ella, porque no dejaba de ser algo parecido a lo que había hecho Tolkien pero en otro sentido. En lugar de proveernos de un pasado adaptado al cristianismo, esta ficción nos relata un pasado legendario que encaja en contenidos y en forma con nuestros imaginarios posmodernos. Por eso y no por otra cosa he escrito una reseña para Pantalla 90. Si quieres leerla, pincha aquí.

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