Lo que los zombis me cuentan…

por In/ficción

La luz de la mirada zombi

Como algunos de los lectores de este blog ya saben, acaba de aparecer mi nuevo libro Ensayo Z. Una antropología de la carne perecedera (Berenice, 2012). En breve haré una presentación en Barcelona. Habrá que ver dónde y con quién. De momento, os dejo algunas citas que insinúan por donde van los tiros:

El zombi y los indignados

“(…) tenemos a un engendro que permite relacionar la visión materialista que tenemos de nosotros mismos con los problemas sociales, políticos, económicos, de manipulación mediática, que piden ser repensados bajo esta nueva luz tenue de la finitud (…) El zombi es, en este sentido, la contraparte del indignado, su simbiótico catalizador, porque pone delante de nuestros ojos un grito similar al que se oyó en los arrabales de París; en tantas plazas de España; en Tottenham, uno de los barrios más pobres de Londres; y, últimamente, en los numerosos manifestantes del movimiento Occupy Wall Street en Nueva York.” (pp. 60-61)

La depresión melancólica y la horda zombi

“El deprimido, así, como el zombi, forma parte de la muchedumbre solitaria de la que nos hablaba Riesman. Una marea de enfermos que viven fuera del tiempo de sus coetáneos, que no están al día, sino que han sido sustraídos de la actualidad que nos guía. De lo que podemos afirmar que “el deprimido ha caído fuera del tiempo común y se ha convertido en un anacronismo vivo. Literalmente vive en otro tiempo, muchos más lento” (Fuchs, 2001, p. 184). Y con ello, queda claramente afectada la capacidad de encontrarle el sentido a las propias acciones, para lo cual es necesaria la tensión entre los propios pasado, presente y futuro” (pp. 85-86)

El zombi: entre el animal y el hombre

“(…) el zombi se encuentra a caballo entre el hombre y el animal. Sin ser humano, tiene rasgos de humanidad degenerada. Sin ser un animal, por no estar vivo, tiene un comportamiento similar al de algunas especies no humanas” (p. 106)

Foucault y su filosofía zombi

“Tenemos pues en el subgénero los dos sujetos de Foucault. El atravesado por líneas de fuerza, por relaciones de poder que lo insertan en un holístico bio-poder. Y el inexplicable aparecer de la libertad, el acontecimiento de lo humano, que pese a las situaciones adversas, en que parece que lo único que queda es lo calculable, lo causado, lo previsible, se da un sujeto diverso, previo e inaudito. Sin duda es este último sujeto el único que es verdaderamente diferente con respecto a los muertos vivientes” (p. 149)

La mutua infección zombi/hombre según Derrida

“(…) el zombi contamina/infecta al hombre. Lo hace porque todo hombre es hombre, precisamente, porque va a morir, porque es un ser-para-la-muerte o un muerto-viviente. Como ya hemos dicho, es precisamente la muerte y el tipo de relación que tiene con ella la que le hace estar vivo como hombre. Pero también hemos visto cómo el hombre contamina/infecta al zombi. Y lo hace a través de una diseminada multiplicidad de puntos, porque el zombi, por ejemplo, resulta ser una síntesis sociológica del hombre observado a vista de pájaro, obviando sus intenciones. (…) De todo esto podemos colegir la imposibilidad de ser puramente hombre. Lo cual en Derrida no quiere decir necesariamente que no existan los hombres o la humanidad, sino que éstos, si existen, son una figura de lo imposible (no necesariamente imposible), un acontecimiento, como su tan bregado don, algo que no se deja poseer sino meramente notar por parte del sujeto (…)” (p. 158)

El hombre nuevo

“Frente a esa insuficiencia en el desarrollo del pensamiento occidental, en la multiplicidad de retratos filosóficos del sujeto, la idea derridiana del acontecimiento permitiría desbancar al zombi, al mero cadáver andante, como la imagen más precisa de nosotros mismos, permitiendo el acceso a una observación de nosotros mismos no embalsamada en el formol de los conceptos que irremisiblemente está sufriendo la deconstrucción, la descomposición, la infección o contaminación de lo animal y de la muerte. La humanidad, en este sentido, sería lo imposible, y su supervivencia coincidiría con la reincidencia del acontecimiento, que da un nuevo horizonte a nuestra mirada y que abre nuestra humanidad ya dada a lo que está por venir.” (p. 163)

Todo profusamente condimentado con generosas citas extraídas de los 14 volúmenes editados en castellano del cómic The Walking Dead, origen de la exitosa serie televisiva, así como de numerosas películas de zombis, de obras universales de la literatura y de la filosofía, de controvertidos ensayos sociológicos, de artículos científicos del campo de la psiquiatría, etc.

Si lo leéis, lo comentamos.

 

Jorge Martínez Lucena

 

 

 

 

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