Infección por In/ficción

por In/ficción

Chupópteros de lo humano en la cultura

Nuestra cultura se ha visto despertada en los últimos tiempos por ciertas constataciones que el pensamiento más arteriosclerótico ha considerado heréticas. Mientras esto sucedía, en el otro polo ideológico había numerosos conciliábulos de lo políticamente correcto que se arrojaban a las furibundas llamas de la hoguera de los multi-todo. Uno de los campos de batalla donde este enfrentamiento ha permanecido inextinguible es el mismo concepto de frontera: entre literatura y filosofía, entre realidad y ficción, entre géneros de ficción y no-ficción,…
Con Derrida, sin embargo, se abre paso la posibilidad del acuerdo entre las mencionadas radicalizaciones intelectuales. Sus ideas de contaminación, diferencia, deconstrucción, tertium datur, double bind, etc. abren un nuevo modo de inteligencia más adaptado y flexible a nuestros tiempos posmodernos. Si se entiende el juego entre identidad y alteridad que se impone en esa ley que nos gobierna, llamada diferencia, vemos cómo resulta inevitable que toda realidad esté siendo invadida o infectada por su alteridad. Nada consigue persistir en su propia identidad sino como huella, como rastro o estela de su propia existencia. El sistema inmunológico de todo lo que nos encontramos es poroso a lo otro, que lo llena de ese parásito constante de lo ajeno. Somos auto-inmunes. Y, si atendemos a todo esto, las consecuencias que se cosechan en lo conceptual no tienen pérdida. Vemos entonces cómo muchos conceptos ampliamente aceptados ven disolverse la frontera que tradicionalmente se establecía entre ellos. Y el resultado no es la desaparición de las diferencias, sino la proliferación de las éstas, y con ello de las fronteras, con la consiguiente resistencia a la clasificación que esto conlleva.
El mismo Derrida ha desarrollado en su obra múltiples explicaciones de esa nueva lógica de la contaminación existente entre diferentes binomios. Se le ha acusado por ello de diversos pecados que nos parece que no ha cometido. No es que haya destruido las fronteras entre hombre/animal o literatura/filosofía, sino que ha descubierto pasadizos por donde se cuela la mutua infección conceptual. Si nos fijamos, por ejemplo, en el segundo de los casos citados y dejamos hablar al francés, éste nos dice:
“Siempre hay en lo que llamamos “filosófico” una adherencia a la lengua natural: ciertos filosofemas aparecen como profundamente indisociables del griego, el alemán, el latín, pero ello no constituye la parte literaria de la filosofía, sino que es, antes bien, algo que la filosofía comparte con la literatura. Y, a la inversa, hay en la literatura algo traducible, una promesa de traducción, esto es, un aspecto que no es ajeno a lo filosófico (…) Al igual que la literatura, la filosofía está indisociablemente ligada a los idiomas, a los corpora de las lenguas naturales. Entonces, desde este punto de vista, no puede decirse que haya una frontera –la lengua o la relación con la lengua, supongamos- entre filosofía y literatura” (Derrida y Ferraris, 2009, pp. 24-25).
En la filosofía encontramos el germen ininteligible y plurívoco de la literatura, mientras que, para la comunicabilidad de la literatura, se hace indispensable en ella el rastro de traducibilidad y universalidad propio de la filosofía. He aquí algo irrefutable que vemos enunciarse en distintos campos de la cultura: las antiguas categorías están mutuamente infectadas, y no es que se conviertan por ello en inservibles, sino que por ello se abren a la polisemia y a la miscelánea, tan practicada en los tiempos de la posmodernidad.
Tal sfumato de los límites lo podemos apreciar en otros ámbitos ya citados: ficción/realidad; ficción/no ficción; etc. Y lo curioso es que siempre tiene un efecto semántico tremendamente productivo. Lo podemos apreciar en la mockumentaries como Grizzly Man (Herzog, 2005), en los enojos y denuncias provocados por filmes como A serbian film (Srdjan Spasojevic, 2010), o en las atinadas y ya clásicas reflexiones de Paul Ricoeur (1987) sobre la relación mimética bidireccional entre experiencia temporal y narración.
Lo que me propongo en este blog no es otra cosa que situarme en el filo de todas y cada una de estas numerosas fronteras y hacerlas productivas en su ambivalencia, embarcándome en la búsqueda de espacios de significación para la vida actual y en la elaboración de gramáticas y semánticas de la infección desde las meras pruebas recopiladas en mi vida ordinaria como consumidor de literatura, cine, filosofía, etc. Así pues, desde aquí intentaré infectar un poco de mí a nuestra cultura, al tiempo que me veo infectado por ella. A eso es a lo que llamaré infección por In/ficción. Veremos si soy sostenido en el empeño…

 

Bibliografía
Derrida, J. y Ferraris, M., El gusto del secreto, Madrid, Amorrortu, 2009.
Ricoeur, P., Tiempo y narración. El tiempo narrado (T.3), Madrid, Cristiandad, 1987.

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